La infancia es un territorio de seres elementales. Recordar es volver a inventar el lenguaje que los nombra: barro, mariposas, sandía, tortuga, noche. Seres cuya materia es ella misma y, asombrosamente, puede dejar de serlo: “la materia muta”, nos dice Margarita Sacks, y aparecen hadas, la Solapa, un barco pirata. La que recuerda es también idéntica a sí misma y, al mismo tiempo, no lo es: sobreimprime los ojos de la mujer en la mirada de la niña. Adulta o niña, ¿cuál de ellas es la viajera que nos envía estas postales?

  Ariel Williams  

¨Postales de la Aldea¨ es un libro de relatos que recrea recuerdos de infancia con el marco inconfundible de la Aldea Santa María.

En sus páginas, se dibujan vivencias y anécdotas;  personajes, colores y sabores; acompañados por las ilustraciones de la artista plástica María Laura Rivas quien ofrece su  particular lectura de óleos y grafitos.
 

Siesta (II)

La Solapa llega a la siesta para llevarse a los que no quieren dormir.
Dicen que las palomas la intuyen, que la vieron pasar, por eso avisan
chismosas desde temprano.
Monta un corcel veloz.  Tan veloz como el viento.
Escuchen… escuchen el golpe de los cascos sobre la calle reseca.
Y también viene un perro.
Es un chucho chiquito, blanco y ladrador.

Los grandes le tienen miedo a la Solapa.  Por eso duermen la siesta.
Nosotros, no.

 

Los que vuelven

Atraviesan el camino devorando el verde con ojos siempre nuevos.

Anhelan la casa y el abrazo.

Recrean la ceremonia de ritos y sabores.

Olvidan el saco y la corbata.

Recuperan ese cielo único explotado de estrellas.

Reinventan el pasado en todos los rincones.

Esperan la calma chicha de la siesta.

Descubren el rumor fresco del agua del pozo.

Preguntan por los que todavía no llegan

Acarician la risa, el canto y la palabra.

Celebran la memoria siempre viva de la Aldea.



Contacto: margasacks@hotmail.com